Cuando se dice que, más que un arte, la fotografía es pura magia, es precisamente porque implica procesos tan sobrenaturales y hermosos como el de la exposición múltiple. Incluso en la era de las cámaras con millones de megapíxeles en el teléfono móvil, nada puede equipararse a la magia de encerrarse en un cuarto oscuro fotográfico y jugar a exponer una fotografia para, a continuación, aplicarle una sobrexposición encima. Esta segunda exposición puede ser la misma foto, reforzando así el original; pero también puede ser una imagen completamente disitinta… Y aquí es cuando el velo de nuestra realidad se rasga y te permite acceder a nuevos mundos de magia.

También se dice de la música que, más que un arte, es pura magia. Será por eso que Luciana Carlevaro siempre ha pensado que el concepto de exposición múltiple, acompañado de toda su magia, es perfectamente aplicable al proceso de creación musical… Sobre todo si hablamos de versiones. Cuando un artista decide versionar a otro, puede optar por proyectar sobre el original una imagen -musical- exacta a la primigenia, haciendo más sólidos y rotundos sus contornos; o puede dejar volar la imaginación e imprimir instantáneas oníricas y diferentes que revelen nuevos significados ocultos o inexistentes en la imagen original.

Así nace “Multiplexpo”, cuarto disco en la carrera de Nubla que se publica casi siete años después de su anterior “Saipán”. Este parón tiene mucho de significativo y elocuente: desde principios de esta década, la industria musical ha sufrido un proceso de colapso y posterior reinvención obligada. Un proceso en el que Carlevaro ha puesto en entredicho la tiranía de la producción en bucle, del sota / caballo / rey de la grabación / disco / gira hasta el infinito y más allá, de la necesidad de estar ahí continuamente para justificarse como “artista” ante uno mismo y, sobre todo, ante la propia industria. En este contexto, no resulta extraño descubrir que Nubla no sentía ninguna presión a la hora de lanzar nuevo disco: contra los procesos vertiginosos forzados, ha optado por cocinar en tiempos largos, lejos del fuego rápido que acaba quemando el fondo de las mejores ollas.

“Multiplexpo” es un disco que se ha tomado el tiempo necesariop, por mucho que las canciones a versionar fueran elegidas con el corazón en el puño, sin darle muchas vueltas: Broadcast, The Notwist, Clare and the Reasons, Lhasa de Sela, Serge Gainsbourg, George Harrison, Aimee Mann, Lluís Gavaldà y Jeanette. Ahora bien, a este impulso inicial le siguió un trabajo en profundidad en el que cada canción debía encontrar su propia entidad: el mismo Gainsbourg aquí versionado decía que cada disco debe ostentar su propia identidad sonora, su propia entidad inequívoca. Carlevaro ha aplicado este mismo precepto a cada una de las versiones en un proceso de exposición múltiple en el que resulta delicioso introducirse y perderse, viajar entre las múltiples capas de sentido y jugar a identificar el material original por un lado, el imaginario de Nubla por el otro y, sobre todo, el fascinante mundo inédito y mágico que brota de la mezcla de ambas exposiciones.

Dicho de otra forma: Nubla sigue sonando a Nubla aunque versione a otros artistas que, por su parte, nunca dejan de sonar a ellos mismos. Y eso que la artista incluso eleva el riesgo y la complejidad al meter por medio a otras voces y colaboradores que aportan sus propias exposiciones fotográficas. Ahí está el gran cómplice de Carlevaro en “Mutiplexpo”, Pol Batlle (Ljubliana & The Seawolf), antiguo alumno de canto de la artista que aquí aporta complicidad y frescura. Pero también es excitante contemplar -y escuchar- las exposiciones aportadas por otros artistas como Steve Smyth (que inyectó espíritu de aventura en las venas de “Pluton” de Clare and the Reasons), Irene Montalá (actriz, amiga y tan fan de Gainsbourg que incluso apareció en el estudio vestida de Bonny para grabar “Bonny & Clyde”), Carlos Sadness (aportando su icónica delicadeza al “Oye Papá, Oye Mamá” de Jeanette) y Lluís Gavaldà (que, aunque vive en Londres, se lo montó para grabar “Pantalons Curts i Els Genolls Pelats” en Barcelona).

Después de tanto tiempo, ¿existe forma más dulce de volver al grabar que rodeado de amigos? No es de extrañar que “Multiplexpo” suene entonces a puro gozo extático en el que la luz que Nubla siempre ha vertido sobre sus grabaciones se ensortija con la oscuridad de una producción en la que la principal coordenada es (¡sorpresa!) el grunge. Lo que estaba claro es no había que grabar y ensuciar luego, sino grabar sucio directamente para conseguir esa sensación de “guarrería gustosa” (en palabras de la propia Carlevaro) que proporciona el material antiguo, las baterías distorsionadas y muchos otros detalles de la producción que se abren a quien escucha con los oídos bien abiertos. Un grunge que, por otra parte, le viene como anillo al dedo al mundo de perdedores perdidos, soñadores y “beautiful loosers” que, pese a provenir de la pluma y el pentagrama de diferentes artistas, son la espina dorsal común que da sentido a “Multiplexpo”.

Nubla ha vuelto. Con un disco de versiones. Pero siendo más Nubla que nunca.